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dimecres, 1 de juny de 2016

IL BARBIERE DI SIVIGLIA A LA PREMSA (4)





 

 

Un barbero en Sarrià

La Temporada de Ópera de Cámara cierra edición con 'Il barbiere di Siviglia' de Giovanni Paisiello

Rosa Massagué
Periodista

Martes, 31 de mayo del 2016 - 14:13 CEST
 
No hay ninguna obligación de celebrar aniversarios redondos, pero si se trata de rememorar artistas cuya fama, pese a la calidad de su obra, se ha visto ensombrecida, pues bienvenido sea el recordatorio. Este es el caso del 200º aniversario de la muerte de Giovanni Paisiello (1740-1816) de quien Amics de l'Òpera de Sarrià ha presentado 'Il barbiere di Siviglia, ovvero la precauzione inutile' dentro de su segunda Temporada de Ópera de Cámara de Barcelona. Este es un aniversario que coincide --cabría decir que cruelmente-- con el estreno del otro 'Barbiere', el más célebre, el de Gioacchino Rossini, que acabaría mandando casi al olvido al de aquel compositor.

Paisiello, al igual de Rossini y tantos otros, basó su ópera en la obra teatral de Pierre-Agustin de Beaumarchais, 'El barbero de Sevilla'. El libretista Giuseppe Petrosellini siguió con mucha fidelidad la obra del dramaturgo francés y el compositor escribió una partitura que es una joya del género 'buffo', un género que había nacido en Nápoles, ciudad en la que Paisiello se formó musicalmente. A dicho género le dedicó muchas de las más de 90 óperas que compuso.

La historia que cuenta 'Il barbiere...' es bien conocida. El Doctor Bartolo es un viejo cascarrabias que quiere casarse con su pupila, la joven Rosina, pero esta bebe los vientos por un joven que dice llamarse Lindoro y que corresponde a su amor. Para asegurarse el matrimonio con la muchacha el viejo toma todo tipo de precauciones, las cuales, como indica la segunda parte del título de la obra, resultarán inútiles. La astucia del barbero Fígaro, la picardía de Rosina y el poder, la autoridad y la bolsa de Lindoro que no es otro que el conde Almaviva, desbaratarán todos los planes de Bartolo.

La temporada de Ópera de Cámara, cuyo director artístico es el tenor Raúl Giménez, suma los esfuerzos de la academia Concertante, una institución educativa que forma a estudiantes de música y facilita el perfeccionamiento a jóvenes profesionales, con la misión de Amics de l'Òpera de Sarrià que no es otra que la difusión del género. Pese a ser pequeña, la asociación cuenta con el apoyo de las grandes voces catalanas e incluso de Cecilia Bartoli. El escenario de las representaciones de la temporada es, ¡cómo no!, el remodelado Teatre de Sarrià. Todo queda en el barrio porqué la academia también tiene su sede en aquella zona de Barcelona.

Los escasez de medios económicos de los organizadores de la temporada queda superada por el buen hacer de todo el equipo artístico y musical como ya hubo ocasión de comprobar en la anterior obra del ciclo, 'La cambiale di matrimonio', la primera ópera de Rossini, representada a principios de año.

La puesta en escena que firma Joan Anton Sánchez, sencilla pero muy eficaz, es una reelaboración de la que hace unos años presentó en el Festival de Òpera de Butxaca, en el desaparecido Teatre Malic que tenía una capacidad para 60 personas apretujadas y en cuyo escenario apenas cabían un par de sillas, mientras que el piano, que hacia el acompañamiento musical, estaba en un lateral.

En este 'Barbiere' de Sarrià, el escenario ya tiene unas dimensiones mayores, el número de butacas es cinco veces superior y hay un foso que en esta ocasión acomodaba a 21 músicos.
 
Ahora como entonces, Sánchez sitúa la trama en una Sevilla franquista. Aparece un falangista, un guardia civil y Don Bartolo es un carcamal cuyo salón está presidido por un siniestro cuadro de grandes dimensiones, obra del dibujante de humor Jaume Capdevila 'KAP', en el que se ve al dictador rodeado de atributos como la bandera con un aguilucho, una bola del mundo y una virgen. Lo dicho, un planteamiento muy eficaz para explicar una historia como la del barbero. Y otro aspecto a resaltar es la muy buena dirección de actores. Los cantantes daban la sensación de pasarlo en grande y esto siempre es señal de muy buen trabajo.

El barítono peruano Jorge Tello sustituyó a última hora a Donato di Gioia que canceló por motivos de salud. Su Fígaro fue potente y bien cantado. Era la primera vez que interpretaba este papel, aprendido a todo correr, y el resultado fue más que notable. Las tablas del bajo bufo Josep Ferrer como Doctor Bartolo impusieron su autoridad sobre la juventud del resto de cantantes que, no por ello, se arredraron. Paula Sánchez-Valverde fue una Rosina de bella voz, potente y bien proyectada, y mucha cuquería tanto musical como actoral. El tenor Marc Sala, uno de los finalistas del Concurso Viñas de este año, interpretaba un Almaviva con el dominio belcantista que le caracteriza aunque hacia el final de la primera parte parecía que reservara la voz. El bajo Juan Carlos Esteve daba vida a Don Basilio muy cómico.

Assunto Nese dirigía la Orquestra Barcelona Concertante, una orquesta joven que dio muy buen rendimiento a una partitura ágil que resalta todos los elementos de comicidad inherentes al género 'buffo'. Si algo habría que objetar sería a la falta de matices en algunos momentos, pero el resultado global fue más que notable.

Espectáculo visto el 28 de mayo.

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